iHace días, una amiga me hablaba de lo mucho que sufría en su relación con su pareja, y ella y me preguntó:

¿Hasta dónde debo seguir el llamado de mi corazón?, ¿Hasta dónde debo meter un freno en la razón como mujer y como ser humano?

Le contesté:
Nunca tengas miedo de amar.
A medida que la razón entre en tu corazón, será cuando aprenderás a dar amor a otro ser… hay que saber hasta donde amar.

Ese es el momento en el que hay que parar de una vez por todas:Cuando te absorben la energía, el respeto y la individualidad. Cuando empezamos a depender del otro, es que damos de más, es que amamos más, por lo tanto sufre más el que ama más… ¿okay?.

Es ahí, cuando perdemos de vista nuestras propias metas como seres humanos y a veces hasta nuestros roles de vida como mujer, y nos sentimos abandonadas, incomprendidas, y emocionalmente desamparadas… la verdad es que con todo ésto, como con cualquier otra adicción, sentimos la imperiosa necesidad incontrolable del otro; ésto es una sobrecarga para el otro y nuestra pareja, no sabe ni qué hacer con nuestro amor propio y por lo tanto lo rechaza (nos rechaza). Lo ahogamos, lo hartamos, lo convertimos en víctima principal de nuestro exceso de amar.

A veces damos mucho amor con la mejor intención y eso no es malo, pero nunca es bueno dar nuestro amor propio como persona al otro, por más que lo ames, ahí esta la medida, ahí es donde la razón debe intervenir en el corazón.

Hay que amar, hasta donde no nos dejemos de amar a nosotras mismas. Hay que amar incluso, hasta que duela, como decía la Madre Teresa de Calcuta, pero entendiendo que, perder el control de nuestra mente y nuestras emociones puede resultarnos fatal.

Claro, dependiendo de la persona con la que tratemos, pero ponemos en riesgo nuestro amor propio, podemos ganar todo, o perderlo todo.

Como mujeres y seres humanos debemos amar, entregarnos hasta donde nosotras valemos por nosotras mismas y no por el otro.

Hasta donde nuestra necesidad no invada las libertades del otro. Hasta donde nuestra seguridd esté dentro de nosotras y no en el otro. Hasta donde podamos darnos cuenta, que nosotras somos quienes podemos incluso, hasta proteger al otro de todo y hasta de nosotras mismas (CUANDO ESTE NO SE DA CUENTA), protegerlo de sus propios errores.

Y si el otro no lo entiende así, pues es que no te valora, no te ama de verdad, así de sencillo.

Doral.