Estás tranquila con el alma llena de cicatrices,
pero tranquila, luces un nuevo recorte y color de pelo,
y hasta te atreves a soñar con encontrar un buen hombre.
Suena el teléfono y contestas pensando que es tu amiga.
Del otro lado del teléfono,
una voz inconfundible te hiela el alma con un:

“Hola, ¿cómo estas?”

Siempre me he preguntado qué se supone que una conteste;
“Ni te imaginas cuanto he llorado por ti” o
“Mal, muy mal”. Quizás un “¿Para qué me llamas ahora?
Pero todo se resume en decir: “Bien, ¿y tú?”

Después de ese instante el corazón empieza,
no a latir, sino a galopar como corcel desbocado
y un frío de muerte congela nuestro cuerpo.

“¿Puedo verte?”… “Claro”…contestamos como idiotas,
aunque el sexto sentido nos grite
“¡peligro!”.

Entonces todo lo que nos habíamos propuesto
se echa a la basura, y haciendo alarde de madurez,
nos convencemos de que esta vez será diferente.
Realmente en ese momento florecemos
y somos el vivo ejemplo de la idiotez.
Razonar… no… ¿Para qué?
Muchas mujeres no solamente caen en ese juego
por demás sino que están en el años.
Años que se niegan de vivir y ser felices.
Sí, porque los pocos momentos de alegría
se pagan a un precio demasiado caro de dolor y desdicha.

El hombre es bígamo por naturaleza,
infiel por placer y don Juan por instinto
Sin contar el machismo cultural,

amamantado por sus madres,
que celebran con beneplácito las noviecitas del nene.

No digo que todos sean así,
pero les aseguro que el por ciento es bastante alto.
Pero ¿son ellos culpables?
¡NO!
La culpa es toda nuestra,
que somos incapaces de no seguirles el juego.



El amor, cuando no tienes una base sólida
de respeto y comprensión, no sirve.
Cuando permites que te usen,

serás siempre eso… una cosa.

Hay un refrán muy cierto que dice:
“Donde hubo fuego, cenizas quedan”
Está en ti tiznarte o salir adelante.

Cualquier reencuentro, se sabe,
es más fogoso que la primera vez.
El peligro está en que de igual forma
se entrega el corazón.
Si el mismo está cimentado en la pasión
y no en la razón, las posibilidades de fracaso
son muchas… más que las del triunfo.

Amar es algo muy serio.
Amar va más allá de la cama.
Desafortunadamente, en muchos casos,
es la cama lo primero.
No me mal entiendan, por favor.
Una buena cama no es solamente maravilloso,
sino saludable, pero nunca debe ser lo más importante.
El disfrute sexual es parte del amor.
Nos debemos respeto y dignidad.
Valores que olvidamos cuando aparecen los fantasmas.

Esa segunda oportunidad debe de darse con mucho cuidado.
Habla todo aquello que entiendas que no funcionó la primera vez
y, sobre todo, no cometas el error
de transar por las mismas cosas
que una vez destruyeron la relación.
Nadie, cambia de un día para otro,
a menos que haya un genuino esfuerzo.
Con esto en mente, evalúa si el riesgo
que estás tomando vale la pena.

Sé que la soledad no es buena compañía,
ni el orgullo herido, ni el deseo.

Reconozco que, cuando se ama,
es muy difícil decirle que no a la esperanza.
Acepto que lo mejor de una separación
es el reencuentro, pero también sé
que si la relación no funciona por segunda vez,
el dolor es mucho más profundo.

Estoy segura de que todas las que lean esto
han pasado por un dolor así.
Me atrevo a asegurar que un 90%
volvería con la persona que tanto amó.
Idealiza el recuerdo y añora los momentos vividos.

¡Cuidado! No empeñes tu felicidad en vano.
Dale a ese amor pasado, a ese fantasma,
descanso en el olvido y si lo ves venir,
¡asústate!,
pues lo que no funcionó antes no va a funcionar ahora.
Así que si suena el teléfono
y al contestar, esa voz del pasado te dice

“Hola, ¿cómo estas?” Contéstale
(aunque el corazón te de un brinco)…

“Perdón, creo que tiene el número equivocado”.

 

© Autor: Angela Mayer